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Pedofilia

El abuso sexual de menores es crónico y universal. No está limitado a una sola clase social, raza, religión o nacionalidad, existía en la prehistoria, existe hoy y desgraciadamente lo más probable es que se perpetué en las generaciones futuras, proporcionalmente quizás no ocurra hoy más que antes, pero dada la globalización y la difusión que los medios de comunicación dan a estos hechos, hay en la actualidad más conocimiento de los casos de abuso sexual de menores a nivel nacional e internacional.
En la actualidad no hay institución pública o privadas, laica o religiosa ( jardines de infantes, escuelas,hospitales
institutos), que no sean alcanzados a diario por la evidencia o sospecha, de este tipo de episodios, a pesar de las denuncias, las penas, la difusión, las campañas de prevención y los cuidados, tanto el abuso sexual infantil como el incesto paterno filial y la violencia contra los niños o niñas no ceden.
Se trata de un fenómeno que no se soluciona únicamente con intervención legal, que es imprescindible y reparadora, sino que es una tarea en la que los profesionales de la salud, del derecho, trabajadores sociales, antropólogos, sociólogos y comunicadores sociales, deberán investigar rigurosamente con el propósito de arribar a las necesarias políticas preventivas, reparadoras y rehabilitadoras.
La ciencia médica, parece ser la ideal para  tratar tanto a víctimas como victimarios, ya que los primeros necesitarán de intensos tratamientos para poder llevar una vida y una sexualidad placentera como adultos y los segundos deberán acceder a un tratamiento que -por lo menos- los recupere, ya que es considerada una enfermedad mental.
La edad de las víctimas más frecuentemente elegida por los paidófilos es de 8 a 10 años para las niñas y de 10 años y más para los niños, la enfermedad puede comenzar en la adolescencia, pero es más común en varones de mediana edad, durante periodos de estrés o tensión, por eso suele ser episódico o temporario, los casos que recidivan o vuelven a manifestarse varias veces en la vida, son los exclusivos por el propio sexo, más que los exclusivos por el sexo contrario, según las estadísticas.
Hay paidofílicos que acariciaron sexualmente a sus hijos y lo vuelven a hacer con sus nietos, para escándalo de sus hijas-madres, que reactivan conflictos reprimidos y patologías mentales, como contraparte, hay niños que
fueron abusados sexualmente por sus padres desde muy pequeños, durante toda su infancia y hasta la adolescencia, con graves consecuencias para su salud mental futura, el curso de esta enfermedad es crónico y difícilmente tratable.
Millones de niños son abusados sexualmente en todo el mundo, en el 90 por ciento de los casos, en su propio hogar. No todos los abusos son cometidos por paidófilos, pero ellos cuentan con organizaciones de prostitución infantil que ofrece sus servicios mediante fachadas de excursiones turísticas o de pesca o caza, no es extraño que estas personas busquen la amistad de las familias que tienen niños hermosos, se ganen su confianza o la de sus madres, hasta llegar a casarse con ellas, para lograr la intimidad con los niños.
También se ven adopciones de niños de países lejanos y subdesarrollados o de familias pobres del propio país, así como recursos aun más complejos y premeditados, como hacerse cargo de una guardería infantil, cursar carreras al efecto y concursar con éxito, otras veces, raptan niños, lisa y llanamente.
Los paidofílicos explican sus conductas abusivas a través de pretextos pueriles como que “hay que enseñarles la vida” o que “el placer es bueno para los chicos”, o simplemente que el niño los provocó sexualmente, aducen que su conducta es “educativa” para el niño, o que éste “siente placer” y ello es sano, o que “es un niño o una niña provocador(a)”. Hay niños que aceptan que sus padres abusen sexualmente de ellos para evitar -presuntamente- que aquéllos abusen también de sus hermanitos, no es raro que esos padres además sean castigadores, pero tampoco
es raro que los paidofílicos sean excesivamente cariñosos con sus hijos abusados, a los que nunca castigan y colocan el abuso sexual como una muestra de cariño más, hasta que el niño tiene “uso de razón” y se da cuenta de la conducta inadecuada del adulto.
Como es lógico, los paidofílicos ocultan celosamente su problema a los demás, aunque suele provocarles malestar. Para ello tratan con mucho cuidado al niño, lo llenan de atenciones para ganarse su afecto y lealtad, solicitándoles que no cuenten a nadie lo que pasa entre ellos, que lo guarden como un secreto entre ambos, si se niegan a hacerlo, surgen las amenazas y castigos de todo tipo, no solo físicos, la lealtad es solicitada por los padres, generalmente, y muchas veces los hijos abusados no los denuncian.
A veces los pedófilos se limitan a la observación de los niños, fuentes de sus fantasías, otras los tocan suavemente, los acarician, otras, los desnudan solamente, y los acarician sexualmente luego, o se masturban frente a ellos. Progresivamente, pueden llegar a estimularlos oralmente en los genitales o les piden que hagan lo propio con ellos, o digitalmente a nivel anal o vaginal, hasta llegar a penetraciones con objetos y variados grados de violencia que pueden lastimar al niño.
Bianco  dice que hay un periodo inicial de íntima amistad que dura de 3 a 6 meses antes de que el acto sexual se concrete, y que los pedófilos suelen ser a la vez coleccionistas. Por lo que toman fotografías o filman sus actividades,
material organizado metódicamente.
Si se llega al coito, anal o vaginal, se trata de una violación, en esos casos, a la enfermedad parafilica se suman varios delitos sexuales punibles, cuando no hay penetración, porque mecánica y anatómicamente puede ser imposible, hay atentado violento al pudor, el abuso sexual es doblemente reprobable: por la violencia y porque aunque lo hubiera, el consentimiento del niño no es válido por razones de capacidad.
No es rara la concurrencia de paidofilia y sadomasoquismo sexual que explica los casos de violaciones y muertes de
niños pequeños y que son la expresión de psicopatologías más graves que superan la simple paidofilia.
Cuando el problema se vive entre padre e hijo o hija, se trata de un acto incestuoso, es preciso  diferenciar una paidofilia de una “Experiencia pedofílica”, que consiste en “un acto sexual con un niño pre-púber, en un medio familiar donde hay discordia marital, luego de una pérdida reciente, durante una intoxicación etílica aguda, en medio de una soledad intensa y en personas de avanzada edad”.
Como en todas las parafilias, la paidofilia provoca malestar en la persona, un deterioro notable de su vida social, conyugal y laboral, y su sexualidad suele ser muy primitiva y pobre, donde su práctica es una de las más aberrantes para los demás, dado que sus víctimas son niños incapaces de un consentimiento válido o de defensa alguna, sometidos muchas veces a su autoridad y en situación dependencia con los victimarios, la actividad sexual se realiza aquí entre dos personas desiguales, con una de ellas en notoria inferioridad, es indignante y reprobable moralmente que quien debería ser para el niño fuente de protección, sea precisamente su victimario.
Cuando los niños abusados sexualmente por paidófilos de su familia, se animan a contárselo a la madre, suelen recibir la burla o el rechazo por respuesta, y la tremenda frustración del desamparo y comprobación de la alianza cómplice -en su perspectiva- de un padre sádico y una madre complaciente que elige no darle crédito, para mantener su posición económica o social, por lo que hay una revictimización de estos niños: por el abuso sexual primero y luego por el desamparo.
Diferentes corrientes teóricas:
Cada una de las ciencias que investigó el tema del abuso sexual infantil realizó distintos aportes al conocimiento y definió distintas corrientes de pensamiento al respecto, en una breve revisión de los modelos teóricos desarrollados para explicar el flagelo se encuentran los unifactoriales y multifactoriales para englobarlos en dos grandes grupos.
Modelos unifactoriales

Modelo biológico
Algunos investigadores hablan de factores genéticos, hormonales y de neurotransmisores que podrían estar relacionados con la impulsividad y el aumento del interés y excitación sexual.
Modelo psicoanalítico
Cuando Freud afirmó que existía la sexualidad infantil, sus detractores lo acusaron de que con tamaña suposición, pretendía manchar el segmento más puro de la humanidad, para los clásicos, la sexualidad comenzaba después de la pubertad, con la capacidad reproductiva instalada, pero Freud tenía razón, sólo que la sexualidad infantil no era vivida con adultos sino a través de juegos ingenuos.
Este modelo proviene de la teoría de la seducción, que relaciona la seducción sexual de un menor por parte de un adulto, generalmente el padre, con la histeria en la etapa adulta, en parte porque esta teoría sugiere una alta prevalencia de abuso sexual infantil, Freud la reformuló como fantasías reprimidas y no satisfechas relacionadas con la sexualidad del menor. La teoría psicoanalítica ahora se centra más en las características del abusador, como dificultades en la conformación del self y en el proceso de separación-individuación.
Modelo feminista
En este modelo, el abuso sexual es redefinido, no se pone el acento en la gratificación sexual del abusador sino en la gratificación por el abuso de poder que ejerce, el abuso está causado por el desequilibrio de poder existente en la familia patriarcal tradicional, este desequilibrio de poder lleva al hombre a dominar a la esposa y a los niños y a percibirlos como posesiones que puede usar según sus deseos.
Modelo conductual
Este modelo ha adaptado la perspectiva del aprendizaje social para explicar el abuso sexual infantil, los investigadores enfatizan la importancia de experiencias tempranas de condicionamiento, el ofensor frecuentemente recordaría sus experiencias sexuales iniciales y esa fantasía adquiriría propiedades sexuales de excitación.
Modelo sistémico
El incesto es visto como producto de un sistema familiar problemático, en el cual cada uno de los miembros de la familia ha contribuido potencialmente al abuso del menor, una preocupación frecuentemente mencionada en relación a este modelo es la posibilidad de que la víctima y/o otros miembros familiares, como la madre, puedan ser culpabilizados por el abuso sexual.
Teoría del apego
El apego inseguro predispone a necesidades de dominio de las relaciones.
Modelos multifactoriales

Multisistémico
Para la aparición del abuso sexual tendrían que conjugarse tanto factores socio-ambientales como variables culturales, factores de la familia de origen del abusador (Ej. experiencia de abuso, ausencia de ambiente de cuidado y afecto), factores psicológicos individuales (Ej. Baja autoestima, habilidades sociales inadecuadas y depresión) y factores del sistema familiar (Ej. la distorsión de roles).
Modelo de las cuatro precondiciones
Para que un abuso sexual ocurra sería necesario la motivación de abusar, ya sea por experiencias propias traumáticas o por incapacidad de relacionarse con otras personas adultas; un bloqueo de los inhibidores internos, esto es: conciencia, moral y autocontrol; bloqueo de los inhibidores externos como: el control social, la represión judicial, la acción de la familia y de la comunidad; y acceso a una persona menor vulnerable, ya sea por falta de información, por aislamiento o porque jamás se le reconocieron sus derechos, se cree, también, que es imprescindible incluir en el análisis los modelos de socialización y género así como las pautas de crianza.
Construir un perfil de los abusadores, que permita identificarlos, desveló durante años a las ciencias relacionadas con la problemática y a la comunidad en general por la utilidad que tendría a la hora de prevenir y tratar la cuestión, sin embargo, hoy en día se sabe que un abusador puede ser de cualquier clase social, vivir en un medio urbano o rural, tener cualquier nivel educacional, profesión o actividad, raza, religión, género, orientación sexual y estado civil. Reducirlo entonces a un perfil determinado podría resultar engañoso pero es necesario por lo menos revisar las tipologías que estableció la bibliografía al respecto.
Con el propósito de establecer las características de los abusadores sexuales, los primeros estudios fueron realizados en poblaciones carcelarias, luego en otro tipo de objetos de estudio, las únicas certezas que aportaron estas investigaciones y que hoy constituyen verdades ya indiscutibles son que:
1.- el 80 por ciento de los abusos sexuales cometidos en la infancia son intrafamiliares, es decir que fueron cometidos por integrantes de la propia familia, y el otro 20 por ciento por desconocidos.
2.- de ese 80 por ciento los padres biológicos son los principales responsables, seguidos por familiares cercanos y conocidos no familiares (integrantes de lo que se denomina familia ampliada).
Como la ciencia no aportó hasta el momento un perfil único y de hecho ya no persigue este objetivo, se debería hacer el esfuerzo den mencionar las características y factores asociados, evitando caer en generalizaciones.
Si bien se asume que los abusadores sexuales no forman un grupo homogéneo, se los clasificó en diferentes tipologías para orientar el trabajo clínico.
Según las inclinaciones sexuales de los abusadores se clasifican en:
Abusadores extrafamiliares o pedófilos: Sus impulsos, intereses y fantasías sexuales están centrados en niños y/o niñas, no manifiestan haber tenido relaciones sexuales adultas exitosas y son más bien solitarios, pueden ser generosos y estar muy atentos a todas las necesidades del niño incluidas las que no estén relacionadas con la victimización sexual, de manera de lograr ganar su cariño, interés y lealtad y asegurar así que la víctima mantenga el secreto, un solo pedófilo puede cometer cientos de abusos sexuales.
Abusadores intrafamiliares, endogámicos o incestuosos: Dirigen sus intereses sexuales preferentemente hacia las niñas de sus familias, se encuentran mejor integrados a la sociedad y pueden lograr mantener una fachada intachable.
Según la exclusividad de la atracción por niños pueden ser:
Pedófilos exclusivos: Individuos atraídos sexualmente solamente por niños.
Pedófilos no exclusivos: Individuos atraídos sexualmente por adultos y niños.
Según el sexo de las víctimas:
Con atracción sexual por los hombres.
Con atracción sexual por las mujeres.
Con atracción sexual por ambos sexos.
Según la edad de las víctimas se pueden subdividir en:
Abusadores pedófilos propiamente dichos: Eligen niños prepúberes, sin hacer distinción en cuanto al genero presentan importantes rasgos de inmadurez e inadecuación.
Abusadores hebefílicos: Prefieren púberes o adolescentes y tienen mejor adaptación social.
Según el estilo de la conducta abusiva se clasifican en:
Abusadores regresivos: Estos adultos presentan un desarrollo normal de su sexualidad, es decir, llegan a la edad adulta con la capacidad de sentir atracción sexual por adultos del sexo opuesto o de su mismo sexo, la necesidad de seducir y de abusar sexualmente de los niños se produce por deterioro de sus relaciones, ya sea conyugales o experiencias traumáticas y/o un momento de crisis existencial, en general el abuso es intrafamiliar.
Abusadores obsesivos o pedófilos o fijados: Hombres o mujeres que abusan de varios niños, presentando una compulsión crónica y repetitiva a hacerlo, están casi siempre implicados en situaciones de abuso sexual extrafamiliar. La relación abusiva les da la ilusión de amar y ser amado por alguien poco exigente y extremadamente gratificante.
Algunos autores señalan que el hecho de haber crecido en hogares con características determinadas, puede generar conductas abusivas en la vida adulta, describen estos hogares como carentes de cuidados parentales, con predominio de relaciones rígidas y distantes entre los miembros y con presencia de maltrato o abuso sexual en forma cotidiana.
Los que adhieren a esta línea de pensamiento indican carencia de modelos parentales adecuados, reeditándose en determinados momentos lo vivido de niños con los propios hijos, son quienes sostienen que el abuso sexual es una conducta aprendida que se repite de generación en generación a través del silencio hasta que alguno de los miembros puede cortar el ciclo, esta conducta incluiría todas las formas de abuso: físicas, verbales, emocionales y sexuales.
Sin embargo, no se puede concluir que toda persona con una historia de maltrato y abuso en su infancia, se convierta en un abusador y, de hecho, muchos abusadores nunca han sufrido esta experiencia.
La mayoría de los autores consultados coincide en que los abusadores sexuales son heterogéneos en las características de personalidad y psicopatologías, concluyen que pueden tener trastornos de personalidad o no pero si existe es del tipo limítrofe, con dificultad en el control de impulsos y en lograr relaciones de intimidad.
Los violadores en general sufren trastorno de personalidad antisocial, presentan distorsiones cognitivas, dificultades en el desarrollo de empatía y en la habilidad de entender y atribuir estados mentales a otros, tienen especial habilidad para identificar niños vulnerables.
El poder:
Los abusadores suelen confundir los roles de los adultos con los de los niños, a tal punto que esperan que éstos cumplan con todas sus expectativas, incluidas las sexuales, sus intereses, los de los adultos, aparecen como prioritarios en desmedro del de los niños, de manera tal que los niños pasan a servir para compensar frustraciones, carencias, o solucionar conflictos.
Estos adultos conciben a los niños como objetos que sirven para satisfacer sus necesidades, no sienten ningún tipo de empatía con el niño, los cosifican o despersonalizan.
Por otra parte, los abusadores hombres sienten que al pertenecer al género masculino tienen ciertos privilegios por el solo hecho de haber nacido hombres, aprendieron desde que eran niños que las mujeres y los chicos les pertenecen y que no hay nada que les impida usar sus cuerpos para su placer o para su enojo.
El hecho de que la mayoría de los estudios coincidan en que no se puede hablar de perfiles o tipologías psicológicas de los abusadores y que se trata de hombres “comunes”, obliga a reflexionar críticamente sobre la socialización del género y el modelo masculino que prima en la sociedad.
Si bien no es propio hacer una descripción de los perfiles, se pueden señalar algunas conductas observadas en la mayoría de los abusadores.
Una de las más típica es la de no responsabilizarse del hecho que cometieron, algunos depositan la culpa en la víctima, aduciendo que fue ésta quien lo sedujo, asignándole un poder casi “demoníaco” que lo provoca y “enloquece”, otros culpan a sus parejas, ya que al negarse a tener relaciones sexuales o no prestarles atención o cariño, los “empujarían” a cometer el abuso.
Algunos aseguran convencidos que no puede culpárselos porque fue “una vez” y no sabían lo que les ocurría, otros alegan que era su forma de demostrar amor y cercanía a niñas o niños carentes de afecto.
A pesar de los beneficios que tiene para la víctima que el abusador reconozca su responsabilidad en el hecho, la mayoría no lo hace porque necesita convencerse a sí mismo de que existe justificación a su conducta, con el fin de convencerse de que son ellos las “víctimas” para no tener que enfrentar las consecuencias de sus actos.
El proceso de un reconocimiento que nunca llega torna más dificultoso el trabajo terapéutico del niño-víctima de delito sexual.
El abuso sexual infantil es un tipo específico de violencia contra la niñez que incluye cualquier conducta sexual ejercida por un adulto contra un niño/a tomando a éste como objeto de placer sea con ejercicio o no de violencia física o psicológica.
Es necesario señalar algunas submodalidades del abuso infantil con la finalidad de discriminarlas.
•Relaciones sexuales genitales – orales (cunilinguismo, felación).
•Penetración en el ano o la vagina con el dedo, pene u objetos extraños.
.La explotación sexual infantil (implicar a menores en conductas o actividades que tengan que ver con la producción de pornografía o promover la prostitución infantil o el tráfico sexual).
También abusos considerados “de menor gravedad” por algunos adultos, pero que constituyen el uso del cuerpo infantil como objeto de deseo de los adultos y generan consecuencias devastadoras en el psiquismo de los niños:
•Tocamiento o manipulación de los genitales del niño.
•Obligar al niño a tocar los genitales del adulto o manipularlos, a menudo bajo la apariencia de “juego”.
•Obligar a que el niño se involucre en contactos sexuales con animales.
•Obligar a los niños a ver actividades sexuales de otras personas.
•Masturbación en presencia del niño.
•Obligar al niño a masturbarse en presencia del adulto.
•Frotamiento del pene contra el cuerpo del niño.
•Mostrar ilustraciones pornográficas al niño.
•Hacer fotografías pornográficas o películas del/con el niño.
Por último, los siguientes comportamientos se consideran abusos sexuales incipientes o preparatorios:
•El adulto se muestra desnudo delante del niño.
•El adulto le muestra sus genitales al niño.
•El adulto quiere “dar el visto bueno” al cuerpo del niño.
•El adulto observa al niño al desvestirse, bañarse, lavarse, en el aseo; en algunos casos puede ofrecerle su ayuda para ello.
•El adulto besa al niño de forma muy íntima.

El abuso sexual siempre constituye una forma de violencia física o mental, por la cual el adulto se aprovecha tanto de la confianza del niño como de su superioridad, teniendo como consecuencia que el niño/a no comprenda la gravedad del hecho debido a su inmadurez psicosexual, por lo cual no está en disposición de dar consentimiento o negarse libremente.
El abuso sexual no se limita necesariamente a la relación entre hombre y niña, sino que puede extenderse hacia los niños y las mujeres adultas, aunque el primero es el más frecuente, en la mayor parte de los casos, el autor proviene del entorno social del menor y no es un extraño.
Generalmente no se produce de manera aislada sino que se prolonga durante años.
El abuso sexual se produce cuando el adulto se sirve de su autoridad para aprovecharse de la relación de dependencia del niño.
La mayoría de los autores consultados coinciden en que el abuso sexual infantil se realiza a través de tres etapas distintas.
•Fase de Inicio o “enganche”: Cuando el abusador logra establecer con su víctima un nivel de acercamiento y se asegura que éste no contará a nadie el contacto establecido, en esta fase el niño, dependiendo de la edad que tenga, se encuentra confundido y por lo general no entiende lo que ocurre.
•Fase de Continuidad: Una vez asegurado el silencio de la víctima, el abusador buscará un sinnúmero de ocasiones para estar juntos, aumentando el abuso sexual, pudiendo llegar hasta la penetración, en esta fase, dependiendo de la edad del niño, es posible que trate de evitar la presencia del abusador lo cual puede tomarse como un indicador del abuso.
•Evidencia o Confirmación: Se produce de manera abrupta, y es cuando el abusador es sorprendido o porque la víctima cuenta lo que ha ocurrido, es la fase de mayor tensión en la familia de la víctima, generalmente reaccionan de manera violenta contra el abusador, pero también es muy frecuente que interroguen de manera incisiva al niño/a, situación que lo/a confunde más acentuándose los sentimientos de culpa.
Según algunos investigadores, la relación que se establece entre el abusador y el niño, es una especie de “hechizo”, con las siguientes características:
Ruptura de los registros comunicacionales: Los mensajes se transmiten en registros contradictorios, lo que provoca sorpresa y perplejidad. la autoridad y la brutalidad se mezclan con la suavidad y la compasión, la orden terminante con la súplica, la amenaza con el pedido, etc. Los niños se automatizan en el nivel corporal y se bloquean en el cognitivo, sin dejar de experimentar profundas perturbaciones en el nivel emocional, las rupturas en la lógica de la comunicación desorganizan y desestabilizan a la víctima.
Lenguaje de conminación: Modela el sistema de creencias del niño buscando la conformidad con frases de tipo “todos los padres hacen así, Esto no te hace daño” o la culpa al repetirle a diario “la familia se va a desintegrar por tu culpa”.
La represalia oculta :Logra que al niño le resulte evidente que cualquier intento por cambiar la situación lo perjudicara y también a su familia, provoca una perturbación más intensa que la amenaza porque conlleva la idea de que el mal y sus consecuencias se originan en la acción defensiva de la víctima, es como si alguien estuviera atado y corriera el riesgo de asfixiarse al moverse.
Los abusadores utilizan ambos tipos de mensajes pero la amenaza parece generar menores consecuencias psicológicas.
Estos autores también señalan tres fases o etapas en el hechizo, a saber:
Efracción: el abusador toma posesión de la víctima mediante argumentos falaces y traicionando la confianza que depositó en él.Primero se penetra el territorio de la niña, espiarla sin discreción, entrar en su habitación, su cama, su ropa y luego en su cuerpo (caricias, desfloración, coito).
Captación: apunta a apropiarse del otro, en el sentido de captar su confianza, atraerlo, retener su atención y privarlo de su libertad a través de tres vías del aparato sensorial. La mirada escapa a la descripción precisa, su interpretación es incierta y aleatoria y siempre pueden quedar dudas sobre su significación, su intencionalidad y su contenido comunicacional, es una mirada cargada de deseo que el abusador lanza sobre su víctima y que los niños que sufrieron abuso sexual recuerdan como generadora de gran confusión. El tacto es la más notoria de las tres vías sensoriales, los contactos tienen una intensidad sensorial desconcertante y van asociados a mensajes de trivialización (jugar), de protección o afecto (dormir juntos, abrazarse), de cuidado (dar un baño, revisar el cuerpo). Cuando el cuerpo del niño es sometido a estimulaciones sensoriales abusivas, la palabra que acompaña los gestos desvía la atención y crea confusión a fin de anular el sentido crítico y amenaza o persuade para desarmar toda resistencia. El lenguaje del abusador mezcla permanentemente dos mundos: el de los niños y el de los adultos. El niño queda en situación de exilio: forma parte del mundo adulto sin estar integrado y participa del mundo de los niños sin poder pertenecerle, en
su casa oye una lengua extranjera y habla una lengua extranjera en el exterior, de ahí que este condenado al silencio que es condición inherente a todo abuso sexual.
Programación: consiste en introducir instrucciones en el cerebro del otro para inducir comportamientos predefinidos a fin de activar ulteriormente conductas adecuadas a una situación o un libreto previstos, se lleva a cabo unilateralmente, desde el exterior, el sujeto obedece a la orden sin integrar completamente la información.
Según estos autores, es posible descubrir que un niño sufrió un abuso sexual, en especial si es menor de 7 años, cuando su comportamiento no corresponde a su edad ni a las costumbres de la casa, suelen mostrar curiosidad en extremo o hacer preguntas o comentarios sobre sexo (no esperables a su edad).
A nivel físico puede haber embarazo, enfermedades de transmisión sexual, irritaciones o malestar en los genitales, aseo constante de los genitales o se niega a hacerlo; dolor al orinar, infecciones genitales frecuentes.
A nivel psicológico, se detecta depresión, pérdida del apetito, disminución del rendimiento escolar, rabia u hostilidad o comportamiento sexual inadecuado a la edad.
A nivel comportamental, puede huir de la casa o presentar conductas regresivas.
Cuando se trata de víctimas adolescentes es posible detectar miedo a estar sola, incapacidad de sostener la mirada, frecuentes peleas y disgustos con miembros de la familia, problemas de memoria, cambios frecuentes y drásticos de humor, preocupación por temas sexuales o actividades sexuales, gestos e intentos de suicidio, desconfianza, abuso de alcohol o drogas.
Como consecuencias, estos mismos autores consignan: a corto plazo, sentimientos de tristeza y desamparo, cambios bruscos de estado de ánimo, irritabilidad, rebeldía, temores diversos, vergüenza y culpa, ansiedad, bajo rendimiento escolar, dificultades de atención y concentración, desmotivación general, conductas agresivas, rechazo a figuras adultas, marginación, hostilidad hacia el agresor, temor al agresor, embarazo precoz y enfermedades de transmisión sexual; a mediano plazo, depresión enmascarada o manifiesta, trastornos ansiosos, trastornos de sueño,
trastornos alimenticios, distorsión del desarrollo sexual, temor a la expresión sexual, intentos de suicidio o ideas suicidas, repitencias escolares, trastornos del aprendizaje, deserción escolar, fugas del hogar, ingestión de drogas y alcohol, inserción en actividades delictuales, interés excesivo por juegos sexuales, masturbación compulsiva, embarazo precoz y enfermedades de transmisión sexual; y a largo plazo, disfunciones sexuales, baja autoestima, trastornos emocionales diversos, fracaso escolar, prostitución, promiscuidad sexual, alcoholismo, drogadicción, delincuencia, falta de adaptación social y relaciones familiares conflictivas.
Tratamientos
A los paidófilos hay que tratarlos, pues son ofensores sexuales, que pueden recibir apoyo para que no vuelvan a reincidir en sus conductas destructivas.
A pesar de esta afirmación, hay una gran controversia en cuanto a lo que se debe hacer con los abusadores sexuales. Están quienes sostienen que deben ser tratados como criminales de la peor calaña (perpetúa, la mal llamada castración química y/o la pena de muerte) y quienes abogan por un tratamiento médico que si bien no los recupere garantice su rehabilitación y el resguardo de la infancia.
En los trabajos de investigación consultados, se concluyó que el tratamiento médico frena a los pedófilos, pero no altera su atracción por los niños ya que los índices de reincidencia una vez que han cumplido su tratamiento son de entre el 20 y el 40 por ciento, de esta manera,  hay coincidencia en que la mayoría de los agresores sexuales de menores lo serán durante toda su vida pese a los tratamientos existentes.
Hoy, la ciencia cuenta con una multitud de medidas preventivas y de contención que, aunque no cambien las inclinaciones sexuales de los pedófilos hacia la infancia, sirven para alejarlos de sus potenciales víctimas.
Los tratamientos que lograron algún tipo de efectividad conjugan psicoterapia y administración de fármacos para inhibir el deseo sexual.
El tratamiento psicológico se encamina a que el abusador modifique y controle los impulsos, hay un componente conductual que entre otras cosas pretende provocar un impacto a través de la saturación de imágenes, y también se persigue un cambio cognitivo, es decir que se intenta modificar su pensamiento para que dejen de deshumanizar y ver como objeto de placer a los niños.
El otro pilar terapéutico es el farmacológico. A través de varios ensayos en distintas partes del mundo, con el fin de controlar la impulsividad de estos individuos, se ha podido observar diferentes resultados con distintas drogas.
Por ejemplo antiandrógenos como el acetato de ciproterona, o acetato de medroxiprogesterona, con relativa efectividad, pero con muchos efectos adversos.
Antidepresivos del grupo de los IRSS, tales como Fluoxetina, Paroxetina, o Sertralina, parecen tener éxito, así como también la ImipraminaTrazadona o el hidroclorhidrato de buspirona.
La administración de estas drogas persigue y logra con bastante eficacia una disminución de la libido y de las fantasías sexuales. De todas maneras hace falta estudios controlados mas específicos para confirmar cuales son mejores ya que hasta ahora todo se basa en fases experimentales.
Los profesionales con experiencia en tratamientos con pedófilos aseguran que la farmacoterapia por si sola no sirve de nada y que incluso puede agravar la situación si no se lo acompaña con psicoterapia, porque la violencia puede dejar de estar situada en el pene y reubicarse en las manos, o que desplieguen otras conductas igualmente peligrosas y lesivas para la víctima aunque ya no puedan violar. De ahí la importancia del refuerzo con atención psicológica y algún mecanismo a implementar por los Poderes Ejecutivo y Judicial de libertad asistida que garantice el control
estricto de los pedófilos.